¿Por qué fotografío?

Hace no mucho que descubrí una pasión, viajar. Y no solo la descubrí sino que la redescubrí. No han sido pocos los años en que los libros, las películas, los documentales e incluso la música me han "permitido" viajar, en ocasiones a lugares inventados y en muchos otros a lugares reales o simulados, como en el caso del cine. Verdaderamente apasionado por libros como Robinson Crusoe, Tuareg o Manaos, películas como Náufrago, 7 Años en el Tíbet, Camino a la libertad e incluso pequeñas escenas de otros filmes o cortometrajes en Vimeo. La música de Thomas Newman, James Newton Howard o Alexandre Desplat. Podría citar infinitos nombres, todos ellos produciendo una idea romántica de lo que es viajar y conocer otras culturas y paisajes.

No ha sido pequeña mi decepción al ver que en una película uno no solo viaja a otro lugar del planeta sino también viaja en el tiempo y esto, evidentemente, no es así cuando realizamos el viaje nosotros mismos. La globalización es un arma de doble filo que permite a las distintas sociedades beneficiarse de avances tecnológicos produciendo un intercambio de informaciones, de capital, de mano de obra y de productos sin igual pero produciendo a su vez una masiva pérdida de identidad y costumbres haciendo que muchas sociedades tiendan a intentar desarrollarse en la dirección de una determinada convertida así en su referencia.

A pesar de todo esta idea romántica es algo que me sigue enganchando y dándome esas dosis referescantes de novedad y melancolía a la vez. Me fascinan las culturas antiguas y me siento un explorador al sacar conclusiones de cómo se han desarrollado ciertas costumbres o personalidades alrededor de las circunstancias en que las regiones han ido evolucionando y transformándose pero siempre conservando ciertos aspectos, aquellos que cada cultura ha considerado importantes y que no debían de perderse. Por eso las viejas costumbres, incluso las canciones o los refranes suelen hablar de valores, aquellos que cada pueblo aprendió a lo largo de su historia.

Por suerte, cuando uno viaja y a pesar de este mundo tan interconectado aún queda mucho de historia en las lenguas, las religiones, los modales, los templos y en la mayoría de las ocasiones los paisajes no dejan de confirmar la geopolítica tal y como lo hacían hace 100 o 2000 años. Y eso sigue existiendo, se puede visitar, se puede descubrir y uno puede seguir convirtiéndose en Indiana Jones para explorar algo que nos resulta nuevo o que nos confirma una idea que teníamos.

Entonces, ¿la fotografía? Si, esa imagen que se conserva y mantiene en un pedazo rectangular el presente de un pasado vivido me sigue ayudando a transportarme a otro lugar, en segundos. En muchas ocasiones me quedo fascinado por las imágenes de otros fotógrafos ya que necesito fantasear e imaginar lo que sucedía alrededor de esa foto. En muchas otras me recuerda y saca a relucir un momento vivido por mi mismo. Y de nuevo estoy viajando, con solo unas figuras delante de mí. Y siento música, y olores, y calor o frío y me siento de nuevo ese explorador. ¡Vaya sensación! Se puede acaso explicar con palabras? Siempre que estas nos hagan viajar de la manera en que lo hace ese concepto, si! Literatura, música, fotografía, cine. Y de pronto estamos en una película, y así, viajando en el tiempo y el espacio permaneciendo nuestros cuerpos sentados en un sofá.

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